Cada caballo es un proyecto, un conjunto de ilusiones y desafíos. Criarlos, formarlos y educarlos en el deporte es una ciencia y un arte. Así como es en las personas, no existen dos caballos iguales; cada uno inspira desafíos y objetivos diferentes, desde su nacimiento, al desempeño deportivo en las más altas competencias.

La sensación de ganar un clásico con tu caballo es indescriptible; es el resultado de una gran preparación, del entrenamiento y del desarrollo de una sensibilidad especial, que permite generar una conexión entre la persona y el caballo, en la que el jinete incorpora al caballo en “sus propios movimientos”, actuando en conjunto como si fuesen un solo elemento.

Muchas son las piezas que integran este sistema; los caballos en primera instancia, sus cuidadores, montadores y propietarios, que en conjunto llevan adelante esta fabulosa tarea, en donde grupos familiares y amigos pueden compartir pasiones, en pleno contacto con la naturaleza y en un deporte sin límites de edad, en el que los mejores del mundo pueden permanecer en los podios más exigentes con más de 50 años de edad.

Sin dudas hace a un estilo de vida apasionante. Muchos amigos que han vivido días de actividad en el Haras me han dicho que no puedo dejar de compartir su esencia con la gente; es algo que debe trascender de alguna forma, en la que puedan probar y ser parte de la magia que existe detrás de este maravilloso animal.

Espero que juntos podamos lograr el objetivo.